💀 The Last of Us: hongos zombis y verdades incómodas

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Víctor Deroncelé

 

“Si el mundo se calentara lo suficiente… ¿no podrían los hongos evolucionar para infectar humanos?”

— Dr. Neuman, episodio 1 de The Last of Us.

 

¿Tú conoces esa sobremesa donde alguien suelta una frase tan potente que deja frío hasta al más hablador? Así mismo empieza The Last of Us, con una advertencia que parece cuento de ciencia ficción… pero que, si lo piensas bien, no está tan lejos de lo que ya está pasando.

No hace falta tener parientes en Miami, ni abuela gallega para sospecharlo: los hongos llevan siglos haciendo de las suyas en la sombra. Lo que hace la serie es “echar el cuento” con dramatismo, y si uno se despista, hasta se le quita el sueño. Y con razón.

 

🍄 Cordyceps: el capo de los entomopatógenos

El hongo estrella de la serie está inspirado en uno real: Cordyceps, un género con más de 400 especies que infectan insectos y otros artrópodos. Es el típico que, si existiera en versión humana, sería el villano perfecto: se mete en el sistema nervioso, te manipula el comportamiento, y luego te revienta en esporas.

Cordyceps convierte a la hormiga en marioneta, la obliga a trepar a lugares altos y, una vez colocada en la posición ideal, la mata desde dentro para que el hongo crezca, florezca y esparza sus esporas como quien reparte volantes por el barrio.

Y no, no es fantasía de guionistas. Está documentado científicamente (de Bekker et al., 2015). Es como ese compay que nunca da la cara, pero mueve los hilos y deja el escenario limpio.

 

🌡️ Cuando el calor cambia las reglas

Nuestro cuerpo es como un club VIP: pocos hongos aguantan los 36–37 °C de temperatura interna. Eso nos ha protegido durante millones de años. Pero con el cambio climático, el ambiente global se está calentando… y eso está cambiando las reglas del juego.

Hay hongos que ya están cruzando esa línea. El ejemplo más inquietante: Candida auris. Emergió simultáneamente en varios países y lo hizo como quien entra a la pista con los zapatos bien lustrados: resistente al calor, a los antifúngicos, y con facilidad para instalarse en hospitales.

Un estudio publicado en mBio (Casadevall et al., 2019) ya lo decía clarito: el calentamiento global podría estar seleccionando hongos más aptos para infectar humanos.

 

Infección y manipulación: cuando la biología supera al thriller

En el mundo microbiano, los casos de control del comportamiento son tan reales como inquietantes:

  • Toxoplasma gondii: convierte a los ratones en temerarios, haciéndolos perder el miedo a los gatos, para facilitar su propio ciclo reproductivo.
  • Ophiocordyceps unilateralis: el “zombi de las hormigas”, maestro del teatro biológico.
  • Rabia: un virus, sí, pero también digno de serie de terror. Provoca agresividad extrema para aumentar las posibilidades de transmisión.

Todos ellos son pruebas vivas (o no tan vivas) de que la naturaleza ya lleva tiempo experimentando con la zombificación funcional.

 

 Evolución fúngica: persistentes como guajiros en zafra

Los hongos no piensan. Pero evolucionan con una terquedad admirable. Reproducción sexual y asexual, esporas ultrarresistentes, genomas plásticos… son una fábrica de innovación sin necesidad de motivación.

Hoy ya existen hongos capaces de causar meningitis, sepsis o infecciones profundas difíciles de diagnosticar y aún más difíciles de tratar. Y lo que viene no es un apocalipsis con clickers y linternas, sino una epidemia silenciosa que se mueve entre quirófanos, UCIs y hogares sin aire acondicionado.

 

 ¿Y nosotros? Pues… algo frescos sí estamos

La verdad: no estamos preparados.

No hay vacunas fúngicas aprobadas para uso humano. Los antifúngicos actuales son limitados y pueden ser tóxicos. Y los diagnósticos, en muchos casos, llegan tarde y mal.

Encima, la investigación en micología médica recibe una fracción ínfima del presupuesto que se destina a virus o bacterias. Porque claro… los hongos no hacen titulares. Hasta que los hacen.

 

 

The Last of Us exagera. Claro. Pero lo hace con una verdad de fondo que no podemos darnos el lujo de ignorar.

La presión evolutiva no entiende de humanidad. Y los hongos, discretos como son, están aprovechando cada cambio en nuestro entorno. Urbanización, crisis climática, inmunodepresión generalizada… todo les pone la alfombra roja.

 

 

📚 Para saber más:

  • Casadevall A. et al. (2019) The Rise of Candida auris and the Climate Change Hypothesis.
  • de Bekker C. et al. (2015) Species-specific ant brain manipulation by a specialized fungal parasite. BMC Evol Biol.
  • Rodrigues ML & Casadevall A. (2020) A Fungal Dark Side to Climate Change. Front Microbiol.

 

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