Para empezar, un poco de historia…
Los egipcios ya utilizaban la levadura del pan para hacer algunas variedades, pero tuvieron que pasar 5000 años para que alguien demostrara científicamente como actuaba.
En 1876 el químico francés Louis Pasteur demostró que los responsables de la fermentación de la cerveza eran microorganismos y no procesos químicos como se creía en aquella Época.
Pasteur quiso ayudar a los productores franceses a defenderse de las crecientes importaciones de cerveza alemana. Las cervezas francesas se ponían malas en dos o tres días. Las alemanas, en cambio, aguantaban poco más de una semana a causa de la mayor presencia de lúpulo y sus propiedades conservantes.
El gran científico se puso a estudiar el proceso industrial de producción de cerveza para averiguar qué era lo que fallaba. En su obra “Estudios sobre la cerveza” (1876) demostró que en las levaduras que se utilizaban había impurezas tales como bacterias y mohos que eran las causantes de la acritud que afectaba a la cerveza durante el transporte o incluso durante la producción. Pero aquellos gérmenes no sólo estaban en la levadura: también se podían encontrar en los instrumentos utilizados por los productores, en el suelo, en los ingredientes… ¡había por todas partes!
Pasteur fue el responsable de una revolución tecnológica que permitió elaborar líquidos que se mantuvieran inalterables durante mucho tiempo, entre ellos la cerveza. La mejora en la refrigeración y el transporte hicieron el resto. Esta es una de las razones por la que hoy el tipo de cerveza más consumido en todo el mundo es, de largo, la lager industrial. Lager en alemán significa “almacén”.
Era una cerveza que se producía en otoño y se consumía en primavera. Con la pasteurización y mejoras en la fórmula se fabricó un producto industrial de gran transparencia y sabor estándar que podía ser transportado a todo el mundo sin temer por los cambios que pudiese sufrir durante el trayecto.
Las artesanas, al ser cervezas vivas, hechas siguiendo procesos naturales, siguen siendo más delicadas al transporte o a temperaturas altas. Los posos que encontramos en muchas de ellas proceden de las levaduras que han actuado en la segunda fermentación dentro de la botella.
Hay quien recomienda no bebérselos porqué pueden continuar activos y hacer de las suyas en nuestro sistema digestivo provocando gases. El cuidado higiénico de las instalaciones y utensilios para evitar la presencia de gérmenes en su producción ha permitido que las cervezas artesanas tengan una vida más larga que hace un siglo. A cambio, los consumidores recibimos un producto rico en matices, con una expresión compleja y una personalidad única.
Así, la cerveza artesana de calidad marca su territorio de manera natural. Ella misma nos indica que la mejor manera de consumirla es cerca de donde ha sido producida. Excepto las IPA, cuanto más cerca de su fábrica de nacimiento, mejor. Como las pinturas de los egipcios, si las cervezas artesanas son así debe ser por algo.
Como diría el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson sobre esta bebida: la cerveza, si se consume con moderación, suaviza el temperamento, alegra el espíritu y favorece la salud.
En MITLAB ofrecemos el mejor servicio para el control de calidad y APPCC de la cerveza. Actualmente trabajamos con cervecerías artesanales para que puedan elaborar la mejor cerveza sin preocuparse, nosotros nos encargamos.
Proceso de elaboración de la cerveza.
Fuente de la imagen: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/cerveza-historia-milenaria_8637