Cordyceps, el entomopatógeno que inspiró el videojuego y la reciente serie “The Last of Us”

En el ciclo de vida de ciertos parásitos, pasar de un hospedador a otro es crucial para su supervivencia y propagación. Algunos han evolucionado de tal manera que son capaces de “manipular” adaptativamente el comportamiento de sus anfitriones, para ayudar en esa transmisión. Ejemplos de estas manipulaciones las podemos encontrar en todos los taxones1,2, pero uno de los más llamativos es el de los hongos entomopatógenos, Cordyceps spp. Estos, infectan a las hormigas, las manipulan y provocan en ellas comportamientos aberrantes que facilitan el crecimiento y la transmisión de este maestro de la manipulación.

Sabemos que Cordyceps infecta a las hormigas, pero ¿podría controlar a los humanos?

En el videojuego y en la recién estrenada serie The Last of Us, los humanos luchan por sobrevivir después de que un hongo infeccioso, convierte a la gente común en zombis. Al parecer, los creadores de la franquicia buscaron la inspiración en una especie de hongo Cordyceps spp., que en la vida real realiza una especie de «control mental» sobre sus insectos anfitriones.

En efecto, Cordyceps y Ophiocordyceps son muy reales e infectan artrópodos como hormigas o arañas. Al igual que otros parásitos, Cordyceps drena completamente los nutrientes de su hospedador antes de llenar su cuerpo con esporas que permitirán que el hongo se reproduzca. Luego, obliga al insecto a buscar altura y permanecer allí antes de expulsar estas esporas, infectando a otros insectos cercanos en el proceso.

Pero en la serie de HBO, desde los primeros minutos del primer episodio se muestra a un epidemiólogo hablando sobre la probabilidad de una pandemia provocada por hongos:

“Un gen podría mutar, cualquiera de ellos podría ser capaz de meterse en nuestros cerebros y tomar el control no de millones de nosotros, sino de miles de millones de nosotros; marionetas con mentes envenenadas, fijadas permanentemente en un objetivo unificador, para propagar la infección hasta el último humano vivo por cualquier medio necesario. Y no hay tratamientos para esto, ni preventivos, ni curas, no existen y ni siquiera es posible hacerlos. Perdemos.»

Este epidemiólogo teoriza que el calentamiento global podría convertir a los humanos en buenos anfitriones para un hongo de este tipo, y hacerlos susceptibles a la infección. La ciencia, en la serie y en el videojuego está un pelín forzada, pero lo hace de una manera bastante creíble a la luz de los efectos, ya palpables, del cambio climático.

Ahora bien, para responder a la pregunta inicial, tenemos que decir que de entre los microorganismos, los hongos son los que más raramente “atacan” a la especie humana. De hecho, existen más de millón y medio de especies de hongos y de éstos menos del 0.01% provocan enfermedades al hombre, y esto ocurre principalmente en personas inmunocomprometidas. La verdad es que, aunque son microorganismos muy prolíferos, no están preparados para “atacar” específicamente a los mamíferos. Los mamíferos son homeotermos, regulan su temperatura corporal, alrededor de los 37ºC y los hongos no crecen de manera óptima por encima de 32ºC.

…pero ¿podría evolucionar para controlar a los humanos?

Si nos ceñimos al hilo conductor de The Last of Us, el hongo, Cordyceps unilateralis se ha adaptado debido al cambio climático y, por tanto, ha mutado para proliferar en humanos. La verdad es que para que se dé ese escenario falta mucho aún, y muy probablemente, las otras consecuencias del cambio serán mucho más relevantes que el surgimiento de “hongos mutantes”.  Luego está la forma de proliferación, en la adaptación televisiva de HBO, el mutante surge en Indonesia y posteriormente se extiende a través del consumo de cereales. Lo cierto es que este entomopatógeno no infecta a las plantas, pero muchos de los insectos a los que infecta pueden contaminar granos y cereales, y esto podría explicar su rápida y explosiva propagación.

Pero hay ciencia en The Last of Us, por ejemplo, se conoce que Cordyceps puede producir numerosas sustancias psicoactivas, entre ella las indolaminas, un tipo de neurotransmisores que actúan en las sinapsis químicas. Una de las funciones que se la ha atribuido a las indolaminas es la regulación de los estados de ánimo, pero al mismo tiempo pueden convertirse en potentes alucinógenos que en la práctica permite a este hongo controlar a su víctima.

En los trabajos de Charissa de Bekker podemos encontrar más información para comprender cómo  este `maestro de la manipulación´ puede incluso regular la respuesta inmune, afectar la comunicación quimiosensorial y,  secuestrar el reloj biológico de los hospedadores para alterar los ritmos de comportamiento diarios y de este modo beneficiar los ciclos infectivos del entomopatógeno2-5.

No quisiera dejar de contestar a la pregunta. Es prácticamente improbable que un entomopatógeno pueda dar el salto a establecerse y transmitirse en mamíferos, no está preparado para ello.  Las adaptaciones que hemos mencionado antes, y que mejoran la transmisión “manipulando” insectos, son el resultado de millones de años de evolución.

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Cordyceps militaris | MITLAB
Cordyceps militaris Jose Ramon Pato / Wikimedia Commons

Referencias:

  1. Araújo JPM, Hughes DP. Chapter One – Diversity of Entomopathogenic Fungi: Which Groups Conquered the Insect Body? In: Lovett B, St. Leger RJ. Advances in Genetics. Vol 94: Academic Press; 2016.
  2. de Bekker C, Beckerson William C, Elya C. Mechanisms behind the Madness: How Do Zombie-Making Fungal Entomopathogens Affect Host Behavior To Increase Transmission? mBio. 2021;12(5):e01872-01821.
  3. De Bekker C, Ohm RA, Loreto RG, et al. Gene expression during zombie ant biting behavior reflects the complexity underlying fungal parasitic behavioral manipulation. BMC genomics. 2015;16:1-23.
  4. de Bekker C, Ohm RA, Evans HC, Brachmann A, Hughes DP. Ant-infecting Ophiocordyceps genomes reveal a high diversity of potential behavioral manipulation genes and a possible major role for enterotoxins. Scientific Reports. 2017;7(1):12508.
  5. de Bekker C, Das B. Hijacking time: How Ophiocordyceps fungi could be using ant host clocks to manipulate behavior. Parasite Immunol. 2022;44(3):e12909.

Por Víctor Deroncelé

 

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